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Espías y escritores

cni-sede-nicolasFernando Martínez Laínez.

 

Frente a quienes piensan que en España no se puede escribir sobre espías porque aquí lo único digno de espiar es la tortilla de patata, están los que pensamos que en este país las tareas de Inteligencia tienen una gran tradición, y es posible realizar aportaciones interesantes a un género literario ya muy consolidado en otros sitios, con características y reglas propias, y cuya temática es el espionaje en cualquiera de sus facetas. En parte por todo esto surgió la idea de crear un club, ahora llamado Máximo Secreto, que agrupase a unos cuantos escritores, periodistas y aficionados a las historias de espías, y sirviera de plataforma de divulgación, discusión y debate en torno a lo que se suele denominar «cultura de Inteligencia», que en rigor no es sino la dirigida a promover y divulgar en la sociedad el conocimiento sobre los servicios de Inteligencia.

Básicamente, la Inteligencia es información dirigida a un fin. No está limitada a la función de espiar y no es solo fruto del espionaje. Es un conocimiento ligado a la seguridad nacional, con el secreto como un elemento constitutivo fundamental, aunque no definitorio, que forma parte de un proceso, en el cual los espías aportan solo una parte (con frecuencia muy importante) del material requerido, consistente en recoger, procesar, analizar y diseminar información relevante para la seguridad de un país. Como es lógico, una actividad de tal importancia, tenía que proyectarse en el terreno literario, coincidiendo con el origen de los primeros servicios secretos profesionalizados que surgen en paralelo a la acción política de las grandes potencias. Así nacen las novelas y relatos de espías. En realidad, una variante del género negro-criminal aplicada a la política y seguridad del Estado. La moderna literatura sobre temas de espionaje (que no debe ser confundida con el thriller) nace en el siglo XIX, con autores como Fenimore Cooper, Rudyard Kipling, Erskine Childers y Joseph Conrad, y alcanza su edad dorada tras la Segunda Guerra Mundial, en el curso de la Guerra Fría, con nombres tan preclaros como Eric Ambler, Len Deighton, Graham Greene, Norman Mailer o John Le Carré, el maestro. El espionaje ha sabido amoldarse, como técnica vasalla del poder, a todos los cambios históricos, y supone una herramienta necesaria para cualquier Estado que no aspire a dejar de serlo. En el terreno de la ficción, el personaje del espía, además, ejerce una especie de fascinación y desafío novelesco, tanto en literatura como en el cine o la televisión, por las connotaciones de trasfondo secreto, «suspense», intriga y engaño que suscita su sola presencia en cualquier relato. Todo el mundo desea conocer secretos, cualquier secreto, aunque sean de ficción, sobre todo cuando la realidad y la ficción, como ocurre muchas veces, van entremezcladas.

En España, pese a disponer de un servicio de Inteligencia de primer orden en los siglos XVI y XVII, durante la época de nuestro mayor apogeo histórico, la narrativa dedicada al mundo de los espías no ha tenido hasta ahora demasiado éxito, aunque se han publicado ya bastantes obras que entran de lleno en el género, con autores destacados y con frecuencia poco conocidos del gran público. Aunque hay excepciones notables de dedicación a esta disciplina narrativa, que incluyen a muchos de los escritores que participan en este libro, en España nos hemos movido —al igual que ocurre en otros campos literarios— con un cierto complejo de inferioridad, imitando modelos ajenos (sobre todo del mundo anglosajón) antes que intentar reflejar con moldes y personajes propios el pasado histórico o la realidad que nos envuelve. Sobran temas, pero faltan oportunidades y medios para desarrollar un género que aporta muchas de las claves que explican las políticas (tanto nacionales como internacionales) del caótico mundo actual; las decisiones que disponen en secreto, y en ocasiones con engaño, la suerte de millones de personas.